momento pensé en mandarlo a hacer cualquier cosa antes que venirme a molestar, pero por otro lado me intrigaba mucho lo que me iba a decir, vistiendo una camisa negra parecida al modelo que tenía Christian, y unos pantalones pegados, era Christopher.
Sin nada que decir, mire a los demás inquietada, ya sabia la tanta cháchara que tenían encima los chicos, ellos me miraron sonrientes y Roseleen me guiño el ojo.
- ¿Podemos hablar? – Dijo el flexionando las piernas poniéndose a la altura de mi oreja.
- Creo que sí. – Me levante caminando hasta la puerta que daba con la entrada y salida de la heladería.
No había nadie a fuera en la carretera, había viento extraordinario que hacia que mi pelo alborotara las ondulaciones de mi cabello, gracias a mi ingenio lleve un pequeño gancho con el que me recogí el fleco.
- ¿Qué querías? – Le pregunte yo poniendo mis manos en la cintura.
- Se lo que te dijo Christian el otro día, yo quería aclararte las cosas y decirte que lo que te hayan dicho es mentira.
- Ayer – Le corregí - ¿A que quieres llegar Christopher?.
- No tienes porque tratarme así, bueno, se que me lo merezco pero tampoco tienes que ser así conmigo, no, por favor, quisiera saber porque empezó todo, de verdad. – El tono de voz que llevaba parecía estar rogándome que le hablara, ¡Pero como se atrevía!.
- ¡Todo empezó porque te enojaste con una simple broma! – Exclame yo alzando los brazos.
- ¿¡Broma!? Andy, mi abuela, fue la mujer que me crio ¿¡Y quieres que me lo tome como broma!?. – Nuevamente, cambio el tono de voz a uno mas serio, que me preocupo, podía traer problemas serios.
- Pero que poco humor tienes, chiquilín. – Dije yo volviendo a colocar mis brazos en la cintura.
- Se que debía explicártelo, pero no puedes ser asi con todo el mundo.
- ¿Tú vas a decirme como tengo que ser? Discúlpame, pero si no te gusta mi carácter no me hables.
- No tengo porque, ni siquiera ser porque te caigo tan mal, al principio si fuiste muy amable conmigo ¿Te acuerdas? – Me señalo el banco que estaba en frente de la heladería, cosa que me recordó el día que estaba llorando, me sentía tan culpable.
- ¿Qué? Tú ni siquiera me pasas por la cabeza, créeme. – Mentí – Crees que todas están locas por ti ¿O que?.
- ¿Perdón? Pero en ningún momento he dicho eso, estás loca, de verdad.
- ¿Loca? Pero mira quien habla, eres un imbécil y lo sabes. – Me di media vuelta para entrar de nuevo a la heladería, si, me enoje demasiado, es que los hombres de hoy en día, automáticamente, antes de entrar Christopher me jalo fuertemente por el brazo.
- ¿Podrías soltarme? – Dije señalándome el brazo con el dedo.
- Andrea. – Dijo él.
- ¿¡Que!? – Dije con el mismo tono histérico de la anterior charla.
- Andrea…- Dijo el soltándome – Tú no sabes nada, de verdad, te pido perdón. – Dicho esto me tomo la mano, y ya sabia lo que iba a pasar, pero no fue así, el viento dio un soplo fuerte; sentí como la nariz me empezaba arder, ese olor tan detestable, olía a putrefacción, como si de un perro muerto se tratase, pero no, olía muchísimo peor aun, algo descompuesto, algo muerto, note que no era la única que lo percibió sino que Christopher tampoco.
- ¿Hueles eso? – Dijo el soltándome las manos, parándose al borde de la acera.
- ¿Ahora buscaras el olor? – Dije yo quedándome inmóvil cruzando los brazos, el no me hizo caso y siguió caminando, se dio la vuelta a la izquierda, donde daba a la “Bajada”.
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